Olavo de Carvalho, sobre el fascismo.
Olavo de Carvalho, sobre el fascismo.
Fuentes:
https://olavodecarvalho.org/que-e-o-fascismo/
Benito Mussolini resumió la doctrina fascista en una regla concisa: “Todo para el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”. En Brasil, si estás en contra de esta idea, si estás a favor de la iniciativa privada y de las libertades individuales, entonces aparece un chimpancé académico que saca la espléndida conclusión de que eres Benito Mussolini en persona. Y no caigas en la imprudencia de imaginar que esta conversación es demasiado infantil para engañar al resto de los monos. Cuando menos te lo esperas, gritos de odio cívico se elevan entre el público, y una flota de tamarinos, lémures, babuinos, orangutanes y monos capuchinos se abalanza sobre ti, mordisqueando, devotamente convencidos de que está destruyendo, por el bien de la humanidad simia, un peligroso fascista. Así que ten cuidado con lo que dices por ahí. No tienes idea de la autoridad intelectual de los chimpancés en la tierra del tití león.
De hecho, la idea oficial de “fascismo” que se transmite en nuestras escuelas nada tiene que ver con el fenómeno que en la ciencia histórica lleva ese nombre. Es una repetición fiel, devota y literal de las fórmulas propagandísticas ideadas por Stalin a finales de los años 30 para borrar precipitadamente la raíz común de los dos grandes movimientos revolucionarios del siglo y arrojar al olvido la mala impresión universal dejada por la germano- pacto soviético. En esta versión, el fascismo y el nazismo aparecían como movimientos de “extrema derecha”, creados por el “gran capital” para salvar “in extremis” al capitalismo agonizante. Es hermoso imaginar a esos banqueros judíos de Berlín, reunidos en una comisión médica alrededor del lecho del régimen moribundo, hasta que a uno de ellos se le ocurre la ingeniosa solución: “Es pan comido, muchachos. Inventamos la extrema derecha, nos mandan al campo de concentración y ya está: se salva el capitalismo”.
Sin embargo, los orígenes y la naturaleza del fascismo no son un misterio para cualquiera que esté dispuesto a rastrearlos en libros de historia auténticos.
Todas las ideologías y movimientos de masas de los últimos dos siglos nacieron de la Revolución Francesa. Nacieron de ella y ninguno contra ella. Las corrientes revolucionarias fueron sustancialmente tres: la liberal, interesada en consolidar nuevos derechos civiles y políticos, la socialista, aspirante a extender la revolución al campo socioeconómico, la nacionalista, soñando con un nuevo tipo de lazo social que sustituyera al antiguo lealtad de los súbditos al rey y encontrándolo eventualmente en la “identidad nacional”, en el sentimiento casi animista de unión solidaria fundada en la unidad de raza, lengua, cultura, territorio. La síntesis de los tres se resumía en el lema: Libertad-Igualdad-Fraternidad.
El conjuro igualitario de Babeuf y su aplastamiento marcaron la ruptura entre los dos primeros ideales, anunciando doscientos años de competencia entre la revolución capitalista y la revolución comunista. Que cada uno acuse al otro de reaccionario, nada más natural: en la disputa por el poder entre revolucionarios, gana el que mejor logra limpiar su imagen de toda contaminación con la memoria del “Ancien Régime”.
Pero para deshacerse del pasado, es necesario ensuciarlo, y los propagandistas de ambos lados compitieron en esto con una creatividad desbordante: las tierras de la Iglesia, garantía de subsistencia para los pobres, se convierten retroactivamente en una espantosa explotación feudal; la prosperidad general francesa, causa inmediata de la ascensión social de la burguesía, se convierte en el mito de la miseria creciente que habría producido la insurrección de los pobres; la explotación de los pequeños propietarios por la nueva clase de burócratas que sustituyeron a las administraciones locales (y que se incorporaron en masa a la revolución) se convierte en un crimen de los señores feudales.
La imagen popular de la Revolución todavía se basa en gran medida en estas flagrantes mentiras, a cuya credibilidad ayudó el hecho de que fueron proclamadas simultáneamente por dos partidos enemigos.
La tercera facción, la nacionalista, pasó a encarnar casi monopólicamente el espíritu revolucionario en la fase de la lucha por la independencia nacional y colonial (de ahí nació Brasil). La asociación con los otros dos se convierte gradualmente en competencia abierta y hostilidad, alentada aquí y allá por alianzas ocasionales entre revolucionarios nacionalistas y monarcas locales destronados por el imperio napoleónico.
A fines del siglo XIX, las revoluciones liberales terminaron, los regímenes liberales entraron en la fase de modernización pacífica. El liberalismo triunfante ahora podría reabsorber los valores religiosos y morales sobrevivientes del antiguo régimen, inofensivos por la supresión de sus fundamentos sociales y económicos. Ya no se molestó en personificar la “Derecha” a los ojos de los dos competidores revolucionarios, rebautizados como “Comunismo Soviético” y “Nazi-Fascismo”.
Así comenzó la lucha a muerte entre la revolución socialista y la revolución nacionalista, cada una acusando a la otra de ser cómplice de la “reacción” liberal.
Esa es la historia. Eres libre de intentar orientarte en los datos siempre complejos y ambiguos de la realidad histórica, o de optar por simplificaciones mutiladoras. La primera opción lo hará aburrido, perverso, autoritario, siempre exigiendo que las opiniones, esas criaturas aleteantes de la libertad humana, sean atadas con cadenas de plomo al suelo gris de los hechos. La segunda opción tendrá la ventaja de convertirte en una persona simpática y comunicativa, bien aceptada como igual en la comunidad charlatana y vivaz de los simios académicos.
Entonces ¿Por qué constantemente personas como Bolsonaro o sea cual sea el político intitulado de derechas son llamados de fascistas?
Para responder a eso, entremos en el lado del fascismo, ¿cuál es su origen? Pues empieza en 1910 con una discusión interna en el movimiento socialista italiano, en un movimiento de cisión de este movimiento socialista, basado en la teoría enunciada por dos grandes teóricos del fascismo, Enrico Corradini y Alfredo Rocco, este último vino a ser ministro del gobierno Mussolini. Tenían la teoría de que el sujeto agente, la fuerza principal de la revolución mundial no podría ser la clase proletaria ni ninguna clase social, porque las clases estaban condicionadas y circunscritas a sus países de origen, no había un proletario internacional, si el proletario italiano fuese para Alemania, no sería allá un proletario sino un mendigo, entonces la condición de proletario es una condición nacional, por lo que se quieren alcanzar una revolución mundial, el sujeto activo de esta revolución no puede ser la clase proletaria, ni puede ser una clase, únicamente la nación puede ser agente de la revolución mundial, entonces la idea de las naciones revolucionarias, o sea naciones proletarias contra naciones burguesas o naciones explotadas por naciones explotadoras es el origen del fascismo.
Si observo bien, veo que después de la Segunda Guerra, esa estrategia fue adoptada por todo el movimiento comunista mundial, el movimiento tercermundista creado por Stalin, no es nada más que eso, si miro la historia del partido comunista brasileño, veo que desde la Segunda Guerra, desde Getúlio Vargas, la estrategia fue la alianza entre proletariado y la burguesía nacional contra el imperialismo, fue la nación proletaria contra la nación capitalista imperialista, y esa estrategia fue adoptada en todo el mundo, por lo que es lo mismo que afirmar que el movimiento comunista internacional post Segunda Guerra se convirtió en un movimiento fascista internacional, y es exactamente por eso que denominan sus adversarios de fascistas para ocultar la realidad de su propia política. Si miro desde el inicio del movimiento comunista, desde Marx, veo que todo el mal y violencia, la criminalidad que estaba intrínsecamente asociada a ese movimiento, era justificada en función de fines a que esa violencia ese mal debería servir, de tal forma que el mal serviría al bien, como si los fines justifican los medios, por ejemplo en la revolución proletaria, con todo el sangre que se derramó en Rusia y otros países se justificaría en función de un futuro de libertad y prosperidad para el proletariado, hecho que jamás se realizó obviamente, y como jamás se realizó, fue necesario cambiar el discurso, pasando de la revolución proletaria para las naciones explotadas contra las naciones explotadoras, con todo eso también no se realizó, las naciones dichas explotadas que se rebelaron contra el imperialismo, estuvieron sobre el régimen revolucionario una suerte mucho más miserable y desgraciada que tenían antes, Cuba por ejemplo era la cuarta economía de América Latina y ahora es lo que es, Cuba se desgració a sí misma sobre el pretexto de se libertar del imperialismo, se desgració, es gracioso oír que la culpa es por el bloqueo, que Estados Unidos no les permite el libre comercio, pero antes de la revolución ¿la desgracia no fue exactamente el hecho de que los americanos comercializaban con Cuba?, entonces no se sabe si el imperialismo perturba más por su presencia o por su ausencia, antes era por su presencia y ahora por su ausencia, entonces todo eso es evidente que son pretextos meramente verbales, únicamente un charlatanismo sin sentido.
Con todo, entre los años 50 y 60, las personas más inteligentes que habían en el movimiento comunista, que era un grupo de filósofos alemanes, afiliados a un instituto de investigaciones sociales, la conocida como Escuela de Frankfurt, empezaron a percibir que las grandes contradicciones y conflictos del capitalismo estaban se disolviendo, entonces el proletariado ya no podría ser la gran fuerza revolucionaria porque había sido absorbido por el capitalismo y estaba sirviendo al capitalismo, la condición de vida del proletariado había mejorado mucho y prosperaron en toda parte, se sentían muy bien en el capitalismo y no les interesaba revolución alguna, las naciones explotadas pasaron a vivir prácticamente con la ayuda de sus explotadores, por ejemplo Cuba que vivía con el dinero americano, antes reclamaba que el dinero americano estaba allá y después porque no estaba allá, entonces las contradicciones acabaron, ¿cómo van destruir el capitalismo si no hay contradicciones internas que puedan explotar?.
Esos filósofos, como su fundador el húngaro George Lukács y los demás alemanes como Max Horkheimer, Theodor Adorno y los demás, formularon el problema de la siguiente manera, como no hay más contradicciones económicas que se pueda explotar y entre las naciones ricas y pobres ya no hay las contradicciones que había antes, ¿qué podríamos explotar como mecanismo destruidor del capitalismo? ¿Qué contradicciones internas podríamos encontrar dentro de las naciones capitalistas, que podríamos explotar para destruirlos? Fue cuando crearon lo que se llama de “dialéctica negativa”, que consiste en encarar todo lo que existe sobre el aspecto negativo y encarar el lado malo de explotación y crueldad que existe en todo, en todas las relaciones humanas posibles, que tanto puede abarcar toda la sociedad, cuanto las relaciones personales, como las relaciones de familia, entre marido y mujer, padre e hijo, profesor y alumno y así en todo, y creían con razón, que con esto estaban realizando un programa que Marx había enunciado y jamás realizado, y que este definía como “la crítica radical de todo cuanto existe”, no se trata de criticar la economía capitalista ni los países imperialistas, sino todo cuanto exista, como el casamiento, la educación, la amistad, la economía, el trabajo, la ley, la moral, todo es malo y demoníaco. Y ellos se dedicaron a este trabajo por unos 40 a 50 años, hasta cuando muchos de ellos que eran judíos huyeron de Alemania, con mucha razón porque serían muertos allá, llegaron a Estados Unidos recibieron mejores empleos, premios, eran aplaudidos y escribían libros afirmando que la sociedad americana era igual a la sociedad alemana, ¿eran locos?, no, simplemente son los autores de la “dialéctica negativa”, ellos ven todo por el lado malo, inclusive las mejores cosas que existen.
Pues bien, cuando te conviertes en un crítico radical de todo que existe, te posicionas encima de la realidad existente, toda realidad es mala y tu eres el crítico que la examina, analiza y condena, automáticamente te pones superior a la realidad, no solo sobre tu sociedad en que vives, sino sobre todo el universo, entonces un momento, ¿en qué te transformaste? ¿te crees Dios?, no, Dios está encima, se supone que ni Él creó el mundo para criticarlo, sino para salvarlo, entonces cuando te conviertes en al crítico radical de todo lo que existe, te conviertes en el demonio, y el demonio, evidentemente, está libre de todas las obligaciones humanas, el demonio solo tiene derechos y su derecho es el de hacer el mal contra aquilo que es malo y como todo es malo, puede hacer el mal contra todo y jamás será condenado o acusado, por lo que esta política izquierdista hoy, tiene sobre su público, especialmente sobre al público joven, un tipo de atractivo que es completamente distinto al que tenía antes, antes se trataba de hacer un mal en nombre de un bien, ahora ya no es necesario tener el bien, ahora el mal es en sí mismo una superioridad, tan pronto te adhieres a esta política, te posicionas encima de la humanidad, jamás te sometes a examen, eres el examinador, el jugador y el carrasco que a todo destruirá y jamás será examinado.

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